¿Volvimos a la persecución ideológica como en 1976?

maximiliano herrera

Maximiliano Herrera

Periodista
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Maximiliano Herrera

Periodista
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“Mediante el relevamiento de sus redes sociales, se determinó que demostraba tener un pensamiento ideológico muy apegado a la propaganda política de la ex Unión Soviética” dice la justificación del reciente arresto de un joven acusado de planificar un atentado contra el presidente de la Nación, evocando inevitablemente dolorosos recuerdos de la dictadura militar de 1976.

El Hecho:

Dice el documento del Ministerio de Seguridad de la Nación: “Agentes de la División Delitos Constituciones perteneciente a la Superintendencia de Investigaciones Federales realizaron una investigación a raíz de una denuncia realizada por un hombre que protagonizó una discusión de índole política con el acusado a través de la red social Instagram.

Si bien es fundamental abordar seriamente cualquier amenaza contra la integridad física de un mandatario, es igualmente crucial cuestionar el enfoque y el contexto en el que se lleva a cabo este arresto. La referencia al pensamiento ideológico del acusado, vinculándolo a la propaganda política de la ex Unión Soviética y los grupos comunistas, plantea interrogantes sobre la motivación detrás de este caso y si realmente se trata de una amenaza tangible o de una persecución ideológica.

Resulta irónico observar cómo una disputa política en la plataforma de redes sociales Instagram ha desencadenado una serie de eventos que podrían tener serias repercusiones en la vida de un individuo y en el panorama político del país.


En un mundo cada vez más digitalizado, donde los debates políticos a menudo se reducen a intercambios de comentarios y memes en línea, ¿Cómo hemos llegado al punto en que una amenaza formulada en una red social puede llevar a la detención de alguien y ser tomada tan seriamente? ¿Qué relación existe entre la amenaza y el “pensamiento ideológico muy apegado a la propaganda política de la ex Unión Soviética” del acusado?

Mientras abordamos seriamente cualquier amenaza a la seguridad nacional, debemos hacerlo con el debido respeto a los derechos humanos y evitando caer en la tentación de revivir prácticas autoritarias del pasado. La lucha contra el extremismo y la violencia no debe convertirse en una excusa para la represión ideológica y la persecución política.
En un momento en que la polarización política y la radicalización están en aumento en todo el mundo, es más importante que nunca mantenernos vigilantes contra cualquier intento de utilizar el poder estatal para silenciar a aquellos con quienes no estamos de acuerdo. La memoria de los horrores del pasado debe servir como una advertencia constante para no repetir los errores que tanto dolor causaron a nuestra sociedad.