Lo que la dictadura no pudo: apagar la lucha de Ramiro Menna

maximiliano herrera

Maximiliano Herrera

Periodista
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Maximiliano Herrera

Periodista
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Ramiro Menna tenía apenas 2 años cuando sus padres fueron secuestrados y llevados a Campo de Mayo. 40 años más tarde, junto a Alba Lanzillotto y ‘Abuelas’, lograron encontrar a su hermano, Maximiliano, que en el momento del secuestro tenía 8 meses y aún estaba en el vientre de su madre. En su presente, la lucha por la verdad y la memoria aún continúan.

La historia de Ramiro

Domingo Menna y Ana María Lanzilotto junto a Ramiro

El 19 de julio de 1976, Ana María Lanzillotto era secuestrada en Villa Martelli junto a su compañero, Domingo Menna, en la redada en la que cayó la conducción del ERP.

“Ani”, como la conocía su familia, estaba embarazada en ese entonces de ocho meses y, con Domingo, tenían un hijo de dos años de edad, Ramiro.

A Ramiro, en ese entonces, se lo llevó a vivir consigo ‘Quela’ -la hermana de su mamá- junto a su marido Oscar Gaggiotti, quienes lo adoptaron legalmente para protegerlo y lo criaron en su casa en La Rioja.

Cuando cumplió 12 años, con el asesoramiento de los psicólogos de Abuelas de Plaza de Mayo, su familia le contó quiénes eran sus papás biológicos.

Ramiro le cuenta a El Péndulo cómo vivió esos momentos:

“Cuando en las puertas de mi adolescencia mi familia me ayudó a reencontrarme con mi historia, recuerdo haber pasado por un período un tanto “alienado” si se quiere: un tiempo en el que lo que me habían dicho sobre mí parecía historia de otro. El tiempo, la lectura de algunas cosas vinculadas a la militancia de mis viejos…. y sobre todo el hecho de que en mi militancia propia encontraba puentes, lazos… con lo que mis viejos fueron, creyeron y practicaron… todo ello, hizo que de alguna manera en mí se entrelazaran fuerte el Ramiro hijo de Oscar y Quela (mis padres de crianza), con el Ramiro hijo de Domingo y Ani (mis padres biológicos). Soy ambas cosas, y la verdad, estoy muy contento de ello.

A los 16, Ramiro se entera de la existencia de un posible hermano o hermana y, con el tiempo, fue adquiriendo consciencia y entendiendo más de su verdad.

Cerca de los 17 años se tomó una muestra de sangre, por primera vez, con el sueño de encontrar su vínculo de ADN.

En el ’99 viajó a Paraguay persiguiendo la hipótesis de que Carolina, la hija “adoptiva” del ex militar médico Norberto Bianco y su mujer Susana, podía ser su hermana. En esa oportunidad, como en otras, a lo largo de su búsqueda, tuvo que enfrentarse con un examen de ADN negativo. Pero no todo terminaba ahí.

El encuentro con su hermano

El 3 de octubre de 2016, su búsqueda, junto a la de su tía Alba Lanzillotto y ‘Abuelas’, tuvo su recompensa y la preciada noticia llegó: el nieto número 121 era su hermano Maximiliano, aquel bebé de ocho meses del cual estaba embarazada “Ani”.

Nos cuenta Ramiro: “Por un lado, buscar a mi hermano o hermana, tanto para mí como para la tía Nena, y muchos otros en la familia, ha sido un acto de fidelidad y cariño para con mamá y papá. Por otro lado, en mi caso, la búsqueda de Maxi también tenía algo de “buscarse a uno mismo”… de buscar una parte de la propia historia. Pero finalmente, lo más importante respecto a la búsqueda de Maxi siempre fue el hecho de saber que, si él estaba en algún lugar, necesitaba reencontrarse con su sangre, con su verdadera historia, para saber completa a su identidad. Buscar a Maxi, tanto para nosotros como para toda la gente que labura en esto, ha sido un acto de amor en este sentido.”

En junio de ese mismo año, Maximiliano, recibe un llamado del CONADI por sospechas sobre su identidad y accedió a un análisis voluntariamente en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Arrojando como resultado una coincidencia positiva. Las sospechas no eran erradas.

En una de sus primeras entrevistas, Maxi dijo que cuando se reunió con Ramiro, Alba y el resto de la familia, tuvo la sensación de que se conocían desde siempre. Ramiro, que aún recuerda perfecto ese momento, nos afirma que:

“Fue así. Tal cual. Los cinco minutos previos, no sabía si iba a ser un encuentro formal, distante, como cuando dos desconocidos se encuentran y son presentados por terceros… Pero cuando sentí el timbre y bajé a atender, en la casa de la tía Alba, abrí la puerta… y sin vueltas nos dimos un abrazo… todo cambió. Comenzó otra historia. Derrotamos, una vez más, al plan terrorista que pretendió fragmentar nuestras vidas… quizás por miedo a que, en nosotros, de alguna forma, la lucha por un mundo realmente justo continúe. Después de 15 minutos de estar en la misma sala, con muchos parientes saludándolo… si uno de afuera hubiera entrado y visto lo que allí pasaba, no sé si hubiera podido distinguir quién era “el nuevo” en esta historia. Es como dijo Maxi: parecía que nos conocíamos desde siempre”.

Casi como el relato de un cuento que te mantiene en vilo, entre lo bueno y lo malo que va pasando, así se siente esta historia, porque a pesar de la oscura época de esa dictadura que buscó fragmentar y dejar sin identidad a cientos de personas como Maxi, a pesar de todo esos intentos, el final fue gratificante para ambos, para todos.

Nos comentaba Ramiro sobre la relación con su hermano, 2 años menor que él y ambos pelados con barba, que:

“Con Maxi tenemos una hermosa relación. Discutimos de cosas de la vida, de política, de “filosofía”… Vivimos lejos, él en CABA y yo en el sur de La Rioja; pero se nos ha dado, gracias a Dios, varias ocasiones de encontrarnos, con nuestras familias incluidas. De cada tanto tenemos alguna llamada telefónica larga, en la que tiramos de algún hilo que nos interesa. La relación es muy linda, y creo que nos está haciendo mucho bien a ambos

El presente de su lucha por la verdad, la memoria y la justicia social

Ramiro está radicado actualmente en Chepes, provincia de La Rioja. Se encuentra en la búsqueda de llevar a cabo un proyecto de Desarrollo Territorial de trabajo que les permita producir riquezas y distribuirla con justicia social a ese territorio, los Llanos riojanos. Él lleva la militancia en la sangre y hoy plasma esa especie de herencia familiar en el Frente Riojano de Organización Popular (FROP).

En un texto suyo escrito para la revista revistaharoldo.com.ar, que recomendamos leer, cuenta como en 2021, logró conformar la Mesa de Gestión Territorial Departamental (MGTD); donde junto a organizaciones vinculadas a la producción popular, el Gobierno local y las instituciones científico-técnicas públicas descentralizadas, se propusieron a reflexionar sobre el proceso histórico-social, cultural y político actual.

Y Aunque sectores de la derecha argentina más reaccionaria dan batalla en el campo discursivo, y le dan la espalda al significado que conlleva la tarea de un montón de gente que trabaja sin cesar en pos de devolver la identidad e impartir un poco de justicia. Solo un poco.

Ramiro reflexiona con El Péndulo al respecto: “Creo que Argentina es, en su inmensa mayoría, un pueblo generoso, solidario, compañero; es un pueblo que busca caminos para que, a pesar del neoliberalismo que siembra individualismo y competencia, se den instancias de comunión, de alegría compartida. Nos sentimos fuertes, unos a otros. Expresamos nuestro cariño”.

La batalla por el significado continúa, se busca instalar la idea de que todo lo relacionado a los Derechos Humanos es parte de un “curro”, como dijo el ex presidente Macri. A Ramiro esto no le sorprende y opina:

Entiendo que existe una élite privilegiada, que es el 1% o menos, y que busca, por todos los medios, sostener sus privilegios a costilla del sufrimiento de las mayorías. Y para lograr eso, hoy, entre otras cosas, dan batalla cultural, tratando de destruir todos los signos, los sacramentos sociales, diría, de lo que nos ayuda a construir juntos esa patria con lugar para todxs que nos merecemos. El movimiento de Derechos Humanos en Argentina es uno de esos “sacramentos”. Representa y condensa muchas cosas. Destruirlo, envilecerlo… es algo que esa élite necesita, para que los pibes y las pibas que vienen después de nosotrxs no tengan faros, referencias… que les muestren el camino. Nosotrxs defendemos con uñas y dientes lo que el movimiento argentino por los derechos humanos significa, y lo que nos enseña a todxs, como sociedad.

Sabemos porqué la representación política de esa élite de privilegiados ataca a las ‘Madres’, a las ‘Abuelas’… “Dime quién te odia, y te diré qué intereses defiendes”.