Legitimar la discriminación a través del lenguaje

Maximiliano Herrera

Colaborador
Estudiante de Licenciatura en comunicación social – UBA (Universidad de Buenos Aires)

Maximiliano Herrera

Colaborador
Estudiante de Licenciatura en comunicación social – UBA (Universidad de Buenos Aires)

Recientemente, el gobierno porteño prohibió el lenguaje inclusivo en las escuelas, puntualmente aquellas expresiones que incluyen la “e”, la “x” o el “@” como “chiques”, “bienvenidxs” o “alumn@s”. Lo hizo a través de una resolución, que comenzó a regir el pasado 9 de junio, y que alcanza tanto a las escuelas públicas como a las privadas de CABA en los tres niveles obligatorios: inicial, primaria y secundaria.

Mientras tanto, en su labor encaminada a crear sistemas educativos más inclusivos, muchos países a lo largo del mundo han abordado la discriminación y la exclusión en la educación por motivos relacionados con la orientación sexual, la identidad de género, y las variaciones de las características sexuales.

El concepto de inclusión se ha expandido en estos últimos años y ya no busca solamente evitar la deserción escolar de los alumnos de clase baja, uno de los principales motivos por los cuales se acuñó el término, sino que, de a poco, se fue avanzando y atendiendo otras demandas como la violencia y/o discriminación por motivos de orientación sexual, que constituye un nuevo motivo de deserción escolar.

La mayoría del alumnado LGBTI tuvo una experiencia negativa debido a las actitudes del personal docente hacia la orientación sexual y la expresión de género. Sólo dos tercios de los y las estudiantes declararon que algún docente intervino ante la utilización de lenguaje homófobo o transfóbico en la escuela.

Para Javier González, director de SUMMA, “a pesar de que hay avances en la región latinoamericana con la introducción de leyes de identidad de género y contra la discriminación en varios países, el clima escolar sigue siendo innegablemente hostil para los y las estudiantes LGTBI, quienes siguen siendo propensos a sufrir acoso verbal y violencia psicológica y física por parte de sus compañeros y principalmente de sus profesores. Esto no solo afecta su dignidad, sino que también su desarrollo socio-emocional y aprendizajes, y puede hacer que los afectados abandonen la escuela por completo”.

Un estudio realizado en siete países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay) encontró que cuatro de cada cinco estudiantes LGTBI en Chile no se sienten seguros en la escuela. En Colombia, el 15% de los y las estudiantes había sido víctima de violencia escolar debido a su orientación sexual. En el Perú, alrededor del 17% de los estudiantes LGTBI denunciaron agresiones físicas en el año anterior. En México, el 75% del estudiantado LGTBI experimentó acoso verbal e insultos en la escuela y el 66% de los estudiantes transgénero reportaron haber sufrido acoso escolar.

La justificación

En este contexto y desatendiendo las demandas sociales, la ministra de educación porteña, Soledad Acuña, tomó una medida que generó un gran debate ya que la prohibición del lenguaje inclusivo en las escuelas implica un ataque al derecho de la libre expresión y atenta contra la Ley de identidad de género N.º 26.743 que en su artículo N.º 12 dice: “Deberá respetarse la identidad de género adoptada por las personas, en especial por niñas, niños y adolescentes, que utilicen un nombre de pila distinto al consignado en su documento nacional de identidad. A su solo requerimiento, el nombre de pila adoptado deberá ser utilizado para la citación, registro, legajo, llamado y cualquier otra gestión o servicio, tanto en los ámbitos públicos como privados”.

Pero, ¿Qué busca el gobierno porteño al prohibir el lenguaje inclusivo de una manera tan arbitraria y sin fundamento científico, que, en el fondo, sabe que no es algo que ellos puedan controlar? Según Acuña, la resolución está dictaminada por una baja que hubo en el nivel de la materia Lengua en el contexto de pandemia, más precisamente en la fluidez lectora, y que, por ello mismo, buscan que el lenguaje inclusivo no sea un obstáculo para el recupero, además, según la ministra, se trata de una resolución y no de una prohibición, aunque pesar de estas declaraciones, los docentes que no acaten la normativa serán sancionados. «Es obvio que como toda norma se tiene que cumplir y si no se cumple, hay un proceso administrativo disciplinario”, dijo Acuña en FM Milenium.

Soledad Acuña- Ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires

Por otro lado, el ministro de Educación de la Nación, Jaime Perczyk, vinculó la medida con una “cuestión electoral”: «Hay varios problemas: la desigualdad entre hombres y mujeres, la marginación de lo distinto, los femicidios, el lenguaje inclusivo viene a manifestar esa desigualdad que refleja una cuestión más profunda, sobre eso hay que discutir», sostuvo el funcionario nacional.

El lenguaje es dinámico

El lenguaje es la herramienta que tenemos los seres humanos para comunicarnos, para crear cultura, para la subsistencia, pero es también un terreno de diputa política e ideológica, dado que quién controle el discurso, determinará de algún modo, el sentido común.

La historia social de los signos es la historia de las ideologías, por ende, lo que se busca con ésta resolución, es en algún punto, poner un freno al avance de la libre expresión y la identidad de género en el ámbito escolar.

La medida tomada por Acuña, es como poner una compuerta en una represa llena de agua.

Para el lingüista ruso, Voloshinov, las lenguas han llegado a ser como son en el devenir histórico de la humanidad, responden a la realidad de las sociedades humanas y no están separadas de estas. Sobre el lenguaje inclusivo recae un estigma propio de la resistencia ideológica que deslegitima cualquier tipo de avance en materia de derechos humanos y de identidad de género.

El lenguaje y la tensión

Los diversos estudios indican que es necesario un avance en la modificación estructural del sistema educativo, ya que, junto con el ámbito laboral, conforman los dos lugares donde más se discrimina por la orientación sexual.

Una encuesta realizada por la ONG 100% Diversidad y Derechos e impulsada por CTERA, revela que el 76,2 por ciento de chicas y chicos LGBT sufrieron bullying de parte de compañeros. El 67 por ciento escuchó comentarios discriminatorios de docentes.

Es por eso que los mismos elementos que debemos entender para comprender el presente de las lenguas son los que nos permitirán entender que estas cambiarán.

Es decir, el lenguaje no es una “cosa” estática, sino que es una relación entre sujetos que constantemente lo van modificando.

Quizá no se ha insistido lo suficiente en que el problema de la libertad sexual y la identidad de género en todas sus formas, y en algún punto, es un problema de libertad de expresión que debe ser atendido como una demanda en los sistemas educativos.

La cultura está determinada por el lenguaje y quién lo oriente en algún punto estará controlando el rumbo del sentido de una cultura en particular, es decir, las representaciones sociales. Y aunque existan organismos que “encaminan” de manera “oficial” el uso correcto del lenguaje, éste siempre está en tensión y en constante proceso de mutación y adaptación.