Ahora su nombre es Agostina. Su muerte no es una muerte individual: es colectiva. Otra vez la fuerza natural de un varón es el arma que mata en representación de un sistema cultural, político y social. Muestra de ello es el fiscal Raúl Garzón queriendo condecorar a un perro por haber encontrado el cuerpo descuartizado de Agostina, intentando un atisbo de celebración en medio del dolor desgarrador de su familia y en claro menosprecio por la vida arrebatada de la adolescente cordobesa. Lo del fiscal es un hecho que resume no solo cómo piensa Garzón, sino que también habla en nombre de la hegemonía masculina, cuyo sentido común es someter y matar a las mujeres como si fuese algo normal.

Según el Registro Nacional de Femicidios y Transfemicidios, entre el 23 de junio de 2015, cuando comenzó el Ni Una Menos, y el 1 de junio de 2026, hubo 3205 mujeres asesinadas en nuestro país; es decir, un femicidio cada 44 horas. El 64% de esos crímenes son ejecutados por parejas o exparejas. Por su parte, según el Ministerio de Seguridad de la Nación, más del 90% de los homicidios en Argentina son cometidos por autores masculinos.

Las mujeres participan como autoras, tanto hacia hombres como hacia otras mujeres, en apenas el 5% al 7% del total de crímenes violentos del país. La asimetría es indisimulable. Sin embargo, el discurso de la hegemonía masculina —que no solo está en boca de varones, sino también de mujeres antifeministas— insiste con cinismo aterrador en que la violencia no tiene género.

Dar números sirve para marcar estas asimetrías y derribar los discursos que siguen sosteniendo a los femicidios como crímenes normales y ordinarios; pero a los fines humanos, las cifras invisibilizan nombres, rostros, historias y dolores. Para esos registros, Agostina es la número 100, pero lo más importante es que era una adolescente de 14 años que fue detrás de un regalo para su mamá y terminó muerta. Imaginar el terror vivido en esos minutos previos a su muerte, a manos de Claudio Barrelier, una persona de confianza por la que incluso ella tenía afecto, es devastador.

Es importante insistir en que esto es un sistema, una estructura que solo el feminismo intenta romper. Hoy el poder político gobernante es el principal impulsor de esa hegemonía. Un análisis conjunto de organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) reportó una caída real del 89% en los recursos destinados a las tres principales políticas contra la violencia de género en comparación con 2023. El Programa Acompañar, la Línea 144 y el Plan ENIA (el programa federal orientado a la prevención del embarazo no intencional en la adolescencia) registraron desfinanciamiento y despidos de personal técnico territorial.
Discursos y proyectos criminales:
Patricia Bullrich culpó en octubre de 2025 a los movimientos feministas de “provocar” un efecto rebote en los varones victimarios. “Si estás empoderada se te viene en contra”, dijo en el canal de streaming reaccionario y conservador Carajo. “El feminismo extremo termina destruyendo a la misma persona que genera esa lógica”. Para Bullrich, las mujeres son las que, con sus luchas, provocan a los varones, justificando así que las maten.

Mientras tanto, la senadora Carolina Losada no tuvo mejor idea que presentar un proyecto de ley para endurecer las penas por falsas denuncias en situaciones de violencia de género. Sin embargo, un informe del Observatorio de Género de los Ministerios Públicos muestra que las falsas denuncias representan apenas el 0,09% de las 8,2 millones de causas analizadas entre 2023 y 2025, y que el verdadero problema es el subregistro: el 77% de las mujeres que sufrió violencia de pareja nunca denunció.
Apoya activamente este proyecto María Elisa Reghenzani, jueza civil y comercial de Avellaneda, quien es la esposa de Diego Clementi, el ginecólogo condenado a 14 años de prisión por cometer múltiples abusos sexuales contra sus pacientes en su consultorio de Burzaco. Desde los sectores opositores señalan que el entorno del médico promueve el proyecto bajo la narrativa de que las denuncias de las pacientes «fueron armadas». Pese a eso, la política le dio dictamen favorable para que sea tratado en el Senado.


Y como muestra definitiva de la hegemonía machista, el gobierno introdujo en el proyecto del nuevo Código Penal la eliminación de la figura de femicidio, porque el presidente Milei considera que todos somos iguales ante la ley, omitiendo la vulnerabilidad que reflejan las cifras asimétricas entre un género y otro.
Después están la sociedad y los medios, cuyo consenso termina siempre interpelando a la víctima para justificar el sistema. ¿Qué hiciste para que te pegara? Le preguntó Mirtha Legrand a Laura Miller en 2015. Siempre será la mujer la que provoca, la que molesta, la que busca su merecido.

Este martes habrá una nueva marcha, y será, otra vez, para pedirle a gritos al poder que deje de matar a las mujeres. Y nosotros, los varones pro-feministas —que pese a tener privilegios, creemos en lo que dice Rita Segato: que el feminismo es una lucha no solo de las mujeres, sino de la humanidad entera, y que no estamos de acuerdo con esta hegemonía, porque sufrimos con cada mujer asesinada— tenemos que militar y acompañar para que de una vez por todas no haya nunca más Ni Una Menos.




