Instituto Castro Barros: El recuerdo de una rebelión que marcó a La Rioja

El Péndulo

Periodista

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Por María Vázquez

Días pasados, se cumplieron 10 años de la represión contra estudiantes y docentes del Instituto Superior de Formación Docente “Pedro Ignacio de Castro Barros” por parte de la policía de la provincia de La Rioja, cuando la comunidad educativa protestó por las deficientes condiciones edilicias de la institución. Pasó una década y todavía esperan el nuevo edificio, prometido por aquel entonces y anhelado por siempre.

La comunidad educativa del ISFD “Pedro I. de Castro Barros” emprendió el reclamo apenas había comenzado el ciclo lectivo 2014, ante el notable deterioro edilicio y de la falta de respuestas por parte de las autoridades educativas de la provincia.

La actual docente de Educación Primaria, Soledad Garay, quien por aquel tiempo  cursaba 4° año de la carrera, al ser consultada por El Péndulo sobre cómo surgió el conflicto, rememoró: “el recuerdo es muy triste, pero creo que ha sido una etapa más en la lucha de lo que ha sido la quita del edificio histórico de la escuela Normal, donde funcionó el Instituto Castro Barros”.

“Ese mes de febrero del año 2014, había llovido muchísimo en la Capital; entonces, las paredes del edificio donde funcionaba el instituto, por calle Copiapó frente a la plaza 9 de Julio, estaban electrificadas; les había agarrado la corriente a varias personas, incluidas estudiantes y creo que a un ordenanza. Entonces, me acuerdo que llego para inscribirme para cursar las materias de 4° año, y la directora de ese momento, Liliana López, nos habla y nos pide si podíamos atender a unos medios que iban a ir, porque ya se estaba haciendo el reclamo, se habían presentado notas formales ante las autoridades del Ministerio de Educación por el estado del edificio y no había respuesta y se venía ya el inicio de clases, un 25 de marzo, con el edificio en esas condiciones que eran peligrosísimas para todos e incluso con cursos muy numerosos”, narra Garay.

Al aproximarse el inicio de clases y en el afán de tener una solución, rememora las acciones llevadas adelante. “Junto con otra compañera, Roxana Brizuela, pusimos unos afiches para convocar a una reunión, y ahí se sumaron Luis Sánchez, Florencia Scaltriti, y otros chicas y chicos más. A todo esto decidimos iniciar las clases pero en la calle y en la plaza 9 de Julio”, precisa.

“Comenzamos a recopilar y ver archivos de las promesas que se habían hecho de que nos iban a dar un edificio nuevo, y eso nunca pasó, decidimos pedir que nos prestaran una parte del edificio histórico lo que es hoy “Paseo Cultural”, donde funcionaba el instituto Castro Barros y que esas aulas estaban desocupadas”, continúa.

Al no recibir respuesta alguna, las y los estudiantes decidieron iniciar las clases y hacer un acampe, contando con el apoyo de docentes, familia, amigos y de mucha gente de la comunidad riojana. “Recibimos mucho apoyo de gremios  y de gente que hoy está en el Gobierno provincial, pero lamentablemente no logramos en ese momento el tener un edificio propio”, agrega Garay.

Por esos días, había movilizaciones de los gremios docentes manifestándose por sus luchas laborales y salariales, a las que se sumó la comunidad del “Castro Barros” para hacer visible su reclamo.

 

El día de la represión

“Recuerdo que el 23 de abril, el día de la represión, en horas de la siesta, por orden -según nos dijeron y luego se lavaron las manos- del gobierno provincial, se hace el desalojo del acampe de calle Pelagio B. Luna”, detalló -la por entonces estudiante-; y añadió: “fue muy duro tener que pasar por eso, porque además de la violencia que pasamos por parte de algunos medios de comunicación que nos difamaban y hablaban peyorativamente de nosotros, sobretodo porque en este instituto en su mayoría siempre hemos sido mujeres, con todo lo que conlleva la violencia de género, que ahora  la reconocemos y la conocemos muy bien, pero en ese momento se nos trataba de locas, quilomberas, que éramos vagos y que no queríamos estudiar. Cuando de hecho las clases las teníamos y para nosotros nunca fue una opción ‘no tener clases’, las clases siguieron, estuvieron siempre presentes. Y cuando fueron a desalojar a reprimir a chicas, en nuestra mayoría éramos mujeres e incluso a profes, porque muy pocos hombres había, y fueron con perros, camiones, palos,  con  una violencia que tuvimos que vivir ese día 23 de abril y que incluso el gremio AMP estuvo acompañándonos”.

“Creo que para ninguno es muy grato recordar eso, y por ahí lo que más duele es que aun hoy no hay una promesa cumplida de construcción de un edificio propio para el instituto Pedro Ignacio de Castro Barros, a 10 años”, dijo Soledad y agregó: “no pierdo las esperanzas de que incluso algún día se recupere lo que por origen histórico fue nuestro instituto, o bien poder contar con un edificio propio”.

El conflicto se resolvió, por así decirlo logrando que nos trasladen a aulas prestadas del Centro Comercial y de otras instituciones hasta que se nos ubicó en lo que aun hoy, luego de 10 años, sigue el instituto: en el Centro Administrativo Provincial”, sentenció.

Finalmente, la docente anheló que “algún día, alguno de los gobiernos provinciales tenga la decisión política de construir el edificio propio para el instituto Castro Barros, que es el que educa a nuestros niños en los niveles de Inicial y Primaria. También funciona el Profesorado de Biología, se dictan capacitaciones, postítulos y demás. Es un instituto muy querido  y es muy triste que se tenga que estar de prestado siendo que fuimos protagonistas de un edificio histórico como lo fue la Escuela Normal”.

 

De escuela “formadora de formadores” a Paseo Cultural

La centenaria Escuela Normal “Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros”, fundada el 1884, fue la institución donde estudiaron generaciones enteras de riojanos y hasta llegó a tener una matrícula escolar de cerca de 2500 estudiantes.

La escuela (hoy Paseo Cultural) ocupaba todo una manzana céntrica, y en 1898, sobre la calle Bazán y Bustos, Rosario Vera Peñaloza fundó el jardín de infantes anexo a la Escuela Normal de La Rioja, el primero de una larga serie de jardines fundados también en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Paraná. En este edificio, en la actualidad funciona un cine, mientras que en los espacios exteriores del emblemático profesorado se transformaron en locales comerciales y bares temáticos.

La historia de este conflicto comenzó entre 2009 y 2010, cuando -de manera paulatina- mudaron la primaria, luego la secundaria, después el jardín y por último el profesorado, a distintos edificios. El motivo formal, en un principio, fue una obra de restauración del edificio centenario, una “puesta en valor y refacción”, financiada por el Ministerio de Planificación y Presidencia de la Nación.

En octubre de 2009, las obras se intensificaron en la manzana que ocupaba el edificio y los rumores en una ciudad de 150.000 habitantes circularon cada vez con mayor velocidad: no se refaccionaría la escuela, sino que la convertirían en un shopping. Hubo un grupo “Ciudadanos en defensa del edificio histórico de la escuela normal”, integrado por ex alumnos, docentes y padres que se movilizaron para mantener la función áulica de la escuela normal y preservar la misma, sin conseguir lo reclamado hasta el día de hoy.