El bombardeo a Plaza de Mayo: el horror del que poco se habló

maximiliano herrera

Maximiliano Herrera

Periodista
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Maximiliano Herrera

Periodista
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El 16 de junio de 1955 alrededor del mediodía, aviones de la Armada Argentina surcaron el cielo de la ciudad de Buenos Aires iniciando un bombardeo sin precedentes en la historia de occidente. Un atentado que dejó más de 350 víctimas y más de 1000 heridos.

El ataque

Con una magnitud de más de cien bombas en un total de entre 9 y 14 toneladas de explosivos, el objetivo del ataque era la muerte de Perón y la instauración de un nuevo gobierno. El plan consistía en bombardear la casa de gobierno y el Ministerio de Guerra, sede del ejército leal al gobierno. 

A las seis de la mañana de ese 16 de junio de 1955, los rebeldes tomaron la base de Punta Indio. Desde allí partirían los primeros aviones. Pero apenas despegaron, debieron regresar a la base por causa de la niebla. La acción, en ese momento, se trasladó al Ministerio de Marina. Los líderes rebeldes debatieron si debían continuar o detenerse. Se impuso Toranzo Calderón y su férrea determinación. Ese debía ser el día y no otro. Los aviones despegaron a media mañana.

La gente que se concentraba al mediodía en la plaza miraba al cielo esperando el desfile aéreo que se había programado como desagravio por la quema de la bandera argentina unos días antes, en la procesión del 11 de junio, cuando más de 200 mil personas marcharon por las calles del centro de Buenos Aires en el día del Corpus Christi. Aquella marcha, no fue una peregrinación religiosa sino una manifestación de diferentes sectores opositores con un marcado sesgo político que demostraba el pico de tensión que se vivía entre Perón y la iglesia. 

El 16 de junio de 1955, la Aviación Naval y parte de la Fuerza Aérea se sublevaron contra el Gobierno constitucional de Juan Domingo Perón y bombardearon la Plaza de Mayo, al dejar caer cerca de 14 toneladas de bombas que provocaron más de 350 muertos y 1.000 heridos.

El desfile aéreo que lanzaría flores para demostrar el apoyo a Perón, se transformó en una lluvia de bombas y balas. A las 12:40 la escuadra de 30 aviones de la Armada Argentina, que había estado sobrevolando la ciudad desde hacía bastante tiempo, iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo. Los aviones que lanzaron toneladas de bombas tenían la insignia de “Cristo Vence”, una cruz dentro de una V, que años más tardes sectores del peronismo resignificarían ingeniosamente en “Perón Vuelve”. El conocido símbolo de la P dentro de la V.

El plan tenía varias operaciones coordinadas. El objetivo, la muerte de Perón. Consistía en que una vez iniciado el bombardeo, un escuadrón de la infantería de Marina debía atacar por tierra la Casa Rosada. Y así fue, mientras los aviones volaban la ciudad, alrededor de la casa rosada se sucedían encarnizadas batallas entre granaderos que defendían y sublevados que atacaban. Se sumaron al ataque grupos de civiles armados que apoyaban el golpe identificándose con un brazalete blanco.

La primera bomba cayó sobre un trolebús repleto de niños, muriendo todos sus ocupantes. Todo era caos: sirenas, heridos por doquier, estruendos, bombas y balas. La población civil, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil, se vio envuelta sorpresivamente en el horror de las ametralladoras y las bombas mortíferas.

Perón, advertido de antemano por el ataque, logra salir de la casa de gobierno y se refugia en el edificio del ejército. Desde ahí da órdenes al sector trabajador para que no ingresen en el conflicto.

Alrededor de las 15, desde una ventana del Ministerio de Marina, los rebeldes muestran una bandera blanca reconociendo su derrota. La multitud festeja enardecida. Los tanques leales dejan de disparar contra el edificio.

Tres meses después del ataque, Perón es derrocado por la autodenominada Revolución Libertadora.

El bombardeo fue un atentado al pueblo del que muy poco se habló y que hasta hoy es un tema poco tratado en los libros de historia. Un hecho trágico sin precedentes en la historia de nuestro país, y a pesar de la gran violencia irracional desatada y el número de víctimas fatales, fue acallado y desencajado de la memoria, y fue además, el precedente de las operaciones asesinas que vendrían tiempo después para sembrar una de las etapas oscuras de nuestro país.

En 2010, bajo el gobierno de Cristina Kirchner, se publicó una investigación oficial realizada por el Archivo de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones.

Hoy al cumplirse 67 años del ataque, la mesa ‘No nos han vencido’ realizará el homenaje frente al edificio del Ministerio de Economía, donde “todavía están las marcas de las bombas”.