Créditos UVA: La estafa del Estado argentino

analia yoma

Analia Yoma

Periodista
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Analia Yoma

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El Péndulo dialogó con algunos de los cerca de 40 tomadores de los créditos UVA de La Rioja, que hoy esperan una respuesta expeditiva sobre una situación que impactó drásticamente en sus economías familiares. Deudas millonarias e impagables.

El sueño de la casa propia se convirtió en una pesadilla para un conjunto de tomadores de los créditos hipotecarios UVA, lanzados durante el gobierno de Mauricio Macri, y que establece la evolución de la inflación como un parámetro de ajuste de cuotas.

En La Rioja, al igual que en el resto del país, la determinación de tomar este crédito se convirtió en un problema grave que aún no encuentra una solución. La Cámara de Diputados de la Nación sancionó un proyecto que ahora está en el Senado y que establece que la cuota a pagar por el crédito hipotecario debe estar determinada por el coeficiente de variación salarial con base al índice RIPTE sobre la evolución del salario formal.

La iniciativa con media sanción expresa que la cuota no deberá superar el 30% de los ingresos del deudor ni podrá extender la duración del crédito más del 25% del plazo originalmente pactado; y establece la suspensión de desalojos, embargos o cualquier tipo de medidas preventivas y/o cautelares en trámite por el término de un año y se encomienda al Banco Central a promover líneas de crédito.

Este jueves la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado que preside Ricardo Guerra dictaminó sobre el proyecto, pero con modificaciones. El texto propone un capital inicial que debe retrotraerse al 31 de agosto de 2019, el sistema de ajuste será por el índice de salario, una tasa de interés del 3,5% nominal anual y la cuota-ingreso no debe superar el 30%.

El Péndulo dialogó con varias personas que forman parte de un grupo de alrededor de 40 tomadores de estos créditos y que hoy esperan una respuesta expeditiva de quienes tiene en sus manos encontrar un camino para resolver la situación que impactó drásticamente en sus economías familiares.

Las Unidades de Valor Adquisitivo (UVA) son unidades monetarias que están relacionadas con el costo promedio del metro cuadrado de la vivienda a construir.

“Es una situación de incertidumbre que afectó nuestra salud mental porque trabajamos más horas de las previstas, dejamos nuestras familias”, dijo Carolina Navarro de Chilecito sobre la planificación familiar que tuvo que realizar para poder llegar a cubrir la cuota mes a mes.  “Una situación era antes del 2019 y otra es ahora”, contó a El Péndulo y dice que ahora “es la casa del terror”, porque viven una situación permanente de incertidumbre. “Mucho se habla del valor de la cuota, pero deberíamos hablar también de cómo esta situación afectó nuestra salud mental y nuestra calidad de vida”. Carolina tiene tres ocupaciones para poder garantizar la supervivencia, está separada en la actualidad, pero al momento de tomar la deuda hipotecaria estaba con su compañero. Trabaja por la mañana en el Museo, por la tarde se dedica a la actividad comercial y para sumar más ingresos, cocina.

La cuota de la vivienda se paga del 1 al 10. Es una estafa. El crédito que tomé fue por $ 2.500.000 y hoy debo $ 29.000.000”, dice Carolina, y afirma que “su crédito ya está pagado”. Comentó en este sentido que hay personas que las cuotas les excede el salario y que esta situación la hace sentir “acorralada”. Te lleva “desgaste porque te convertís en rehén del banco”, agrega.

Mencionó además que sería importante que el senador Ricardo Guerra, que es en la actualidad presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado, pueda dialogar con el grupo local y afirmó que si sintieron el acompañamiento de legisladores de La Rioja en este tema. Una de las soluciones es retrotraer la cuota.

Maia de la Fuente, es comunicadora y tomó el crédito UVA a mediados del año 2018. “En primera instancia, uno apuntaba a sacar un crédito Procrear, pero en ese momento no se otorgaban los Procrear, y entonces aparece esta opción de los créditos UVA, para la compra de una casa que era lo que a mí más me interesaba. En cuanto a los requisitos, nos pedían un salario. Tuvimos que juntar los montos con quien era mi pareja en ese momento; además nos pedían dos codeudores, que fueron mis padres, y así poder sacar el crédito”, comentó a El Péndulo.

“En los primeros tiempos era una buena opción la toma del crédito UVA, con relación al ingreso que uno tenía y a la cuota que se pagaba. A partir del año 2019, cuando empiezan las primeras corridas del dólar, comienza el desfasaje de las cuotas, cada vez más difíciles de pagar y afrontar. La cuota comenzó a subir a razón de cómo iba subiendo la inflación. Entonces, uno empezaba a darse cuenta de la estafa que te había vendido el banco, o como te lo habían presentado. Te lo vendían como que no iba a haber problemas con la inflación”, añadió.

“Hoy se nos presenta la situación de que, todos los meses, uno tiene que enviar un mail preguntando cuál es valor de la cuota; ya que no se puede consultar el valor de la cuota por otra vía”, comentó; al tiempo que consideró que “hay miras de que pueda darse una solución a esta situación, pero debería ser rápido”.

“Para nosotros -continúa-, mes a mes, es una situación de incertidumbre con aumentos descomunales, sobre todo en estos últimos tres años. Para tener una idea: hoy, la cuota excede el valor de un alquiler. La deuda aproximada original del crédito era de $2.500.000 y a valores de hoy se deben 22 millones de pesos. Después de cinco años de haber pagado la cuota, sin atrasos. Una verdadera estafa que fue presentada como política pública del gobierno de Mauricio Macri, para poder acceder a una vivienda”.

Considera que “una de las soluciones es la modificación de la actualización del UVA, y retrotraer la cuota”.  “Algo de voluntad política hay, pero no la suficiente para dar una solución concreta a las 100 mil familias que tomaron el crédito en todo el país. Desde el 2019 han sido descomunales los aumentos y difíciles de afrontar. A uno realmente le ha cambiado la vida, porque estar al día significa que la calidad de vida de las familias que pagan ha cambiado”, explica.

Luis Alfonso es empleado bancario y vive con su esposa y sus dos hijos en Chilecito. Contó que, “en 2017, la cuota prevista para el crédito era de $10.000, 6 años después, debe pagar $160.000; es decir, 1600 % más en tan sólo seis años”. “No sólo es la angustia por lo que hoy representa para nuestros ingresos, es la incertidumbre de lo que puede llegar a venir en los próximos 15 o 20 años restantes de la vida del crédito”, comentó a este diario.

“Esta es la realidad de todos los tomadores: todos afectados en la misma proporción. Tomamos un crédito de $2.000.000 y hoy, 6 años después de venir pagando, debemos $28.000.000. Y así, va subiendo cada mes. Más pagas, más debes”, dijo; y recordó: “la cuota se ajusta por un índice UVA que es equivalente a la inflación; pero los salarios, siempre van por detrás de ella, generando un desfasaje cada vez mayor. Cada vez es más grande la brecha y más difícil de afrontar”.

Al ser consultado de cómo afectó su vida y la economía de su hogar, Luis reflexionó y explicó: “es larga la lista de cómo esto afecta la vida familiar, porque no hay nada peor que la incertidumbre. Que tu casa, que es tu hogar, se vea amenazada de ser perdida, con todos tus sueños y esfuerzo invertidos. Se cortaron las vacaciones, las posibilidades de crecimiento y de ahorro, porque el equilibrio original de la relación cuota/ingreso, se rompió en agosto de 2019, y tan es así que, hasta el gobierno, en ese momento, nos dio la posibilidad de suspender los pagos por tres meses, medida que se fue renovando trimestralmente hasta julio de 2020. Pero luego de ello, continuó la situación de asfixia económica”.

“Ahora, tenemos una renovada esperanza ya que la Cámara de Diputados dio media sanción a un proyecto que elimina el UVA y crea un nuevo coeficiente para actualizar la cuota de los préstamos y es el índice de variación salarial. Es una medida de justicia ya que todo nuestro sistema legal contractual argentino se basa en la equivalencia de las prestaciones”, detalló Luis; pero consideró que “no es suficiente, y por eso insisten ante el Senado, como Cámara revisora, que tome ese coeficiente, pero de manera retroactiva a agosto de 2019”.

“No queremos que se nos regale nada; simplemente pedimos justicia. Es decir, no ser la parte que afronta el 100% de la carga de la inflación. Nosotros, como tomadores del crédito, absorberíamos hasta el porcentaje del aumento salarial. Lo restante debería ser absorbido por los bancos o por un fondo compensador (la diferencia entre UVA y RIPTE, o sea, la diferencia entre la inflación y la variación salarial). No estamos hablando de un negocio financiero, ni de una inversión de riesgo: estamos frente al derecho constitucional al acceso a la vivienda, frente a un sistema de defensa del consumidor que en caso de cláusulas predispuestas está en favor de la parte más débil de la relación contractual y frente al sistema de equivalencia de prestaciones consagrado en nuestro Código Civil y Comercial de la Nación. Estos tres aspectos son los que afecta el esquema UVA”.

Por otra parte, aclaró que, desde su experiencia personal, nada tiene que cuestionar al Banco Nación que le otorgó el crédito “porque no pueden ir más allá de la legislación”. “El problema no es el banco; el problema es la norma”, consideró.

Patricia Espeche es comunicadora y en el 2018 tomó un crédito hipotecario en UVA con el Banco Nación, por ser beneficiaria del PROCREAR.

Contó que cada caso es particular, ya que ella pudo acceder a un préstamo del banco por $900.000 y el Estado le subsidio $300.000. La deuda se la financiaron por 30 años, con una cuota inicial estimada por aquel entonces en $6.500 aproximadamente.

“Mi preocupación respecto de esta situación, tiene que ver con que mi deuda es a 30 años, recién pasaron 5 años y ni el banco puede decirme cuánto le debo”, señaló; y agregó: “yo, hoy, todavía puedo pagar la cuota, pero mi capacidad crediticia está aniquilada”.

Además, contó que, tal como figura en los requisitos para acceder a los préstamos, “éramos clientes perfectos para los bancos, no este estropajo financiero en el que nos han convertido”, sentenció Patricia.

“Yo me siento estafada por un Estado que promovió el endeudamiento. Fue un sorteo a través de un programa estatal como lo es el PROCREAR , en el cual el Estado me animaba a tomar un crédito subsidiándome prácticamente el 30 % de lo que prestaba el banco, o sea dándome un 30 % más. ¿Si eso no es fomentar el endeudamiento, entonces qué es?”, se preguntó la afectada.

Además, manifestó: “el Estado prometía condiciones económicas óptimas para poder endeudarse a 30 años en una unidad de valor que cotizaba a precio dólar, entonces hoy me siento estafada, siento que el Estado es responsable y no están dadas las condiciones para pensar en una estabilidad en cuanto a mi futuro y a tener la propiedad de mi casa que hoy está hipotecada, y lo va a estar por 25 años más, hasta que yo termine de pagar la deuda”.

“Muchos dicen ‘que pagan es menos que un alquiler’; bueno, que los alquileres estén por las nubes no es nuestra culpa, primero. Los alquileres hoy son inaccesibles. El consuelo de que nuestra cuota es más baja que un alquiler, la verdad, a mí no me sirve, porque me considero una persona responsable, que pago mis deudas”.

Patricia indicó que “la imprevisibilidad es constante”.  “Este mes tuve que depositar en mi cuenta un monto por las dudas, más o menos calculando cuánto pudo haber subido la cuota, pero todavía no lo sé”.

Con respecto al monto que le prestó el banco, la hipotecada puntualizó que no le alcanzó para terminar su casa, porque el contexto económico ya era difícil; por lo que sigue endeudándose y tratando de juntar dinero para terminar finalmente su vivienda; “pero no puede tomar créditos nuevos si estoy endeudada hasta las orejas”, afirmó. “Por eso digo que somos un estropajo financiero, no puedo acceder a ningún otro crédito financiero”, se lamentó.

En cuanto a cómo es su relación con el banco, reveló que sólo puede ver los movimientos de su cuenta donde indica lo debitado en pesos. “Hasta hace dos meses, subía la cuota de $2500 por mes, más o menos; pero este mes puse el doble de lo que suelo poner, por las dudas para que no me falte. Porque una vez me faltó plata y me llamaron del banco diciéndome que estaba morosa, que me iban a cobrar la mora”, recordó; y comentó: “la gente que no llega a pagar la cuota en el mes se les acumula con las otras cuotas, más los intereses por mora, y ahí es donde se empieza a hacer todo muy engorroso y donde dejan de poder pagar sus deudas”.

“Llegué a comunicarme varias con el banco y ni ellos saben decirme de cuánto es la cuota o la deuda, porque como cotiza precio dólar la unidad de valor adquisitivo, entonces, depende de cuánto esté el dólar cuando me toque el vencimiento”, finalizó.

Colaboración y producción periodística: María Vázquez y Gustavo Molina