A los 94 años falleció Alba Lanzillotto, miembro de una familia atravesada por el terrorismo de Estado e histórica integrante de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, organización desde donde buscó a su sobrino nacido y robado en 1976.

El día del último golpe de Estado, Alba fue detenida y pasó a engrosar las largas listas de prisioneras políticas. Estuvo cerca de un mes presa en la cárcel de La Rioja, de donde era oriunda. Con el correr del año 1976, la familia sufriría otros golpes con los  secuestros de las mellizas María Cristina y Ana María, las hermanas de Alba que tenían 19 años menos que ella.

Alba se enteró de la caída de los dirigentes del PRT-ERP cuando estaba en una verdulería en Carmen de Patagones. Cortaron la transmisión para decir que había caído Mario Roberto Santucho. Ella salió corriendo a prender un televisor. Ya no estaba en el país cuando la dictadura secuestró a su segunda hermana. Salió al exilio con su marido y sus hijos en octubre de 1976.

El 17 de noviembre de ese año secuestraron a su otra hermana, María Cristina, Tina, y a su compañero, Carlos “Cacho” Santillán, en Pergamino.  Ella fue vista en el centro clandestino conocido como Vesubio. Sus restos fueron hallados en el cementerio de Avellaneda. Con la pareja estaban sus dos hijos, que después de un tiempo fueron encontrados por la familia, al igual que Ramiro, el hijo mayor de “Ani” y el “Gringo” Menna.

En 1984, Alba volvió al país. “Empecé a ir a la Casa de las Abuelas porque yo sabía que Anita estaba embarazada de ocho meses”, contó en una entrevista que le brindó a la Biblioteca Nacional. Allí, la recibió Mirta Baravalle, una de las fundadoras de la organización, que le asignó una tarea: recortar diarios con noticias vinculadas a la búsqueda.

En 1986, la llamó María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, entonces presidenta de las Abuelas. Le dijo que, como era profesora de Letras, tenía que ayudarla con la confección del boletín de prensa. A esa tarea estuvo dedicada durante años: preparaba los textos, buscaba las fotos e iba a la imprenta.

En Abuelas se empezó a reunir un grupo de tíos que buscaban a sus sobrinos y sobrinas desaparecidas. A pesar de no ser una “abuela”, sus compañeras la eligieron para ser la secretaria de la organización, cargo en el que se desempeñó alrededor de 20 años. Fue la única tía que integró la comisión directiva.

En 2016, Alba encontró a su sobrino Maximiliano, al hijo del “Gringo” Menna y de “Ani” Lanzillotto y hermano de Ramiro. “Qué lindo tenerte en casa”, le dijo ella cuando lo abrazó por primera vez.

Sus compañeras de Abuelas de Plaza de Mayo la despidieron con enorme tristeza: “Te vamos a extrañar Alba. Queda el amor que sembraste con tu profunda vocación de maestra luchadora”. 

Sus restos serán velados este miércoles de 19 a 21 en Tres Arroyos 1510, CABA. Este jueves 30 se hará una ceremonia a las 14 en la capilla del cementerio de la Chacarita.